viernes, 15 de junio de 2012

Sin alquimias


  Por Virginia Amado


   Los hay...
   En todos los pueblos pasa...
   Personajes de esos inolvidables... 
   Los recuerdo como intrínsecos en mi vida...
   La calesita de Don José quedaba a la vuelta.Era de esas itinerantes, un mes en cada barrio aprovechando terrenos baldíos.Cada tarde, me gustaba ir con amiguitas, y las monedas para el boleto transpiradas en las manos, apretando lo que se convertiría en giros y giros.Tal vez la sortija que sacáramos en un golpe de suerte los haría más eternos.Un tiempo en que aunque nenas, podíamos andar confiadas por el barrio.Santito era el encargado de la sortija;una bocha lustrada de madera con un gancho reluciente.Era bajito, delgado,de piel oscura.Rulitos pegajosos.Casi ni hablaba, umbrío...sólo al reír le veíamos la falta de dientes.Caminaba agitado y las piernas se le cruzaban.De tanto en tanto, nos tocaba a alguna la mirada que decía:-dale, es tuya! Y compartíamos la alegría y la complicidad cuando Santos dejaba la mano más quieta para regalarnos una vuelta más que llevamos agregada a la infancia.
   El Gauchón era un tipo rudo.Lo recuerdo como el personaje que servía de auxilio a los padres cuando no queríamos dormir la siesta.Usaba bombachas y sombrero.Muy alto y corpulento.A menudo pasaba a caballo y corríamos adentro.Cierta vez lo escuché hablar con mi abuelo.Una voz como trueno.Nunca supe que hubiese dañado a nadie.Sin embargo, la mención de su nombre bastaba para convertir en muy juiciosa a una chiquita rebelde.
   Angiulino era un tanito diferente.Muy pequeño y con traje, se detenía en las esquinas a dar interminables discursos.Mi abuela los entendía porque eran en italiano.Tenía la inefable pretensión, y estaba convencido de ser "El Duce". Hablaba y hablaba , gesticulando con voz estridente y ademanes grandilocuentes . La gente risueña se paraba a escucharlo, como un retrato cómico de Benito Mussolini ...el cual se le habría incorporado tanto mientras vivió en Italia,tanto tanto,casi como para enloquecer.
   Cambón vendía billetes.De aspecto descuidado, con ropa raída, andaba por la zona céntrica ofreciendo los papeles de lotería que llevaba en su mano, con brazo en alto.Cara de pocos amigos, era el temor de los chicos y la diversión malsana de grandes que al grito de:-Tripita, sucio, bañate! salía disparado corriendo a todo aquel que en burla, perturbaba la vida gris de este aparentemente humilde hombre a quien poco conocíamos, pero los decires populares asociaban a tener mucho dinero.Cierto es que vivía exasperado por la cruel chanza que intetaba ridiculizarlo y que parecía parte de un juego , de decir y de correr....sin serlo.
   Musitani vestía impecable traje y zapatos blancos, sombrero igual y camisa verde.Límpida corbata blanca y una flor en el ojal. Era feliz con ese atuendo, importancia que lo distinguía logrando creo su propósito.Un excéntrico ejemplar, proveniente de Plaza Varela, que sólo caminaba por las calles con distinción, a veces con un carrito impecablemente blanco, lleno de flores.Su perrito blanco.Dicen que una vez, pintó el caballo de verde.Exquisita demencia que contemplábamos en paseos, en carnavales y toda fiesta popular y que ornamentó un tiempo floreciente, así como era...tan alto para nuestra edad primera, y tan misteriosamente del color de la nieve.
   Yuyito era un chico de la calle,aunque nunca pareció un chico.Con una discapacidad y una orfandad que lo caracterizaban.Su caminar constante, con bolsas y bolsas, la cabeza pelada por la policía, seguido por una jauría .Perritos de todos los colores y tamaños.Increíblemente cerca el perro del hombre, sin más mirada que la del cariño.Ropa sobre ropa, como necesitando tapar tanta carencia de amor más que material.Un carro lleno de basura, las alpargatitas rotas.No eran tantos en aquel tiempo los que pedían, y las personas le regalaban ropa y le daban comida que devoraba tirado en cualquier calle.Hace días leí que había fallecido en el geriátrico municipal.La foto no me habló del mismo.Decía un nombre y apellido que no sabía que tenía.Yuyito le daba identidad.El rostro cambiado.Dirán que es la edad.Yo creo que es el encierro lo que , a cambio de atención y abrigo, mutó a este deambulador en un pobrecito anciano, sin haber sido niño.
   Bartolo , un símbolo.Hasta negocios de la ciudad, un bar con su nombre.La fotografía en lugares públicos.Artistas plásticos lo retrataron, lo pintaron a lápiz, lo esculpieron. Un viejecito tartamudo,prolijo, muy pícaro, que andaba en la calle aunque tenía familia .Piropeador a media lengua de cada chica joven y bonita, su carcajada mostraba una boca desdentada.Con bolsita a cuestas,andar agachadito y ágil... ejemplar marcante de una ciudad donde todos se conocían.Cada día Bartolo sigue faltando en las calles que lo vieron dirigirse, quizás hacia dónde. Pero sigue en el espíritu conservador de la comunidad.
   Pepe y Carlos Luna eran dos hermanos pintores de obra.Muy inteligente el mayor, mientras Carlitos, con cierta capacidad diferente, era un niño adulto al que el hermano manejaba con consentimiento y mezcla de enojo.Se sentaba en la vereda y alli, escribía con su parejita letra de imprenta, cartas y confesiones de amor de cada piba del barrio o de las casas donde trabajaban.Pepe se reía y le festejaba ese delirio.Pintores desde siempre en mi casa de infancia, Pepito me llamaba Mariposa y yo a él Peposo...cuando me casé viví al lado de su casa,y compartieron uno y otro, la infancia y adolescencia de mis hijos.Los he querido mucho.Una vida cercana, y una vida de ellos tan solitaria,tan de abandono, tan de cine y de libros y tan de chanza en la frase que quedó como estigma:- agarrate del pincel que te saco la escalera!
   Personajes que fueron personas .Que están también en mi interior , en mis raíces y que ninguna alquimia  puede borrar de los adentros porque a mi modo, hoy pensados desde otro lugar,los he tomado como capital de enriquecimiento humano, sin saberlo.

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