Aquí encontrarán vivencias, recuerdos y pasajes de la vida de un grupo de personas que, gustosas de las letras, juegan entre realidad y ficción
martes, 25 de septiembre de 2012
Reencuentro
por María del Carmen Pascual
Estaba sola acostada, tenía que despojarme de esa abulia. Los recuerdos venían a mi mente y me peleaba con ellos. No, me dije, de esta tengo que salir.
Me levanté, preparé mi bolso, el termo con el mate, las cuatro estaciones de Vivaldi y la agenda con el jazmín, y partí con el coche. Puse el casset , esa música me tranquilizaba. Era un hermoso día, hacia calor, el polvo de los caminos se mezclaban con la música y mis pensamientos. Mi espíritu buscaba quietud.
Llegué .Miré mi cuarto, una cama y una mesita de luz, puse mi bolso sobre la cama y me dije, acá hay más soledad de la que tengo. Angustiada tomé el termo, mi casset y la agenda. Fui al parque ,me senté debajo de un árbol y contemplé esa naturaleza que me invitaba a “despertar”con el aroma de sus plantas ,los pajaritos que cantaban, ese sol que acariciaba tímidamente mis mejillas...lloré ,lloré mucho, y como si la naturaleza me retara comencé a escribir ,pero no podía hacerlo, no podía sacar lo de adentro. No pude hacerlo...Contemplé ese hermoso parque, las flores, el aroma a rosas, todavía lo siento...y mi soledad y mi angustia se fundían en ese espacio...
Llegó la hora del almuerzo, todas en silencio, curiosamente observé. No entendía lo que lograría con ello.
A las seis de la tarde emprendimos el camino, todas en silencio. Le pedí a Dios que me ayudara .De pronto se escuchaban unos cánticos, íbamos llegando a ese sitio y la melodía cada vez más cercana, hasta que el lugar apareció, como una estampa de un paisaje, cargada de melodías y flores.
Una incipiente alegría y desconcierto invadían mi alma. Entramos, nos sentamos, y ese aroma a incienso, y los monjes todos sentados en sus bancos cubiertos con sus cobuyas (son hábitos largos con capuchas) y ese lugar...parecía algo celestial .Entre rezos y cantos hubo un momento de silencio, luego un grupo de monjes corriendo todos en fila y con las manos juntas, se dirigieron a una virgen negra, allí comenzaron los cantos gregorianos, la melodía de sus cánticos parecían serpentinas que nos envolvían el alma. ¡Que maravilla!, todavía recuerdo ese instante, todos estábamos atónitos mirando y escuchando lo que ese lugar nos ofrecía. Era una caricia al alma, y el despertar de los despertares...
Tome una rosa como robándola y me fui a mi aposento. Contemplaba desde mi cuarto casi franciscano el parque, y fui allí .Me senté y comencé a escribir .Esa paz me produjo alegría y pude sacar todo lo de adentro...Mi hoja todavía blanca comenzaba a llenarse con estas palabras : Gracias Padre Héctor por ofrecerme este lugar ,por reglarme un mate ,para mi significó compañía, gracias por enseñarme a escuchar música clásica ,para mi significo quietud para mi espíritu en rebeldía ,y gracias por el jazmín para mí significó poesía .Por todo esto nunca te vayas de este lugar, hay muchas Marías que te necesitan llorando soledades, con sufrimientos, o simplemente buscando afecto...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario