por Cristina González
Mi apellido es González, si, mi nombre es González Cristina
Su nombre por favor…-
González Cristina.
Sí, como decía mi papá soy hija del viejo González… porque él también era hijo del viejo González. Después de ahí no sé mucho más, más arriba, en mi historia no se cuantos hijos del viejo González había. Se que había un viejo en la ciudad de Buenos Aires que vivía en la época de Rosas que se llamaba Carranza que fue pariente mío pero claramente no era hijo de un viejo González.
En la guía telefónica hay páginas y páginas de hijos del viejo González. Pero estoy segura que ninguno tuvo la suerte que tuve yo de ser hija del viejo González. Mi viejo Romeo Fernando González, que tenía algo de Romeo y algo de don Juan (pobre mi vieja) era músico, era artista. Tenía muchos defectos como tienen los artistas pero era suave, humanista y tenía unas manos tibias que todavía me acompañan cuando lo extraño o lo necesito. Su voz su susurro todavía lo siento. Pasa por mi lado dejando una brisa de aire tibio que me dice “estoy con vos” y entonces si algo me duele o lastima me cura la herida como lo hacía cuando yo era pequeña.
Mi viejo González murió de un infarto masivo, los graves dolores y golpes que le dio la vida le dañaron el corazón. Pero cuando murió y yo me sentí desolada y desconsolada él se acercó a mí con toda su suavidad, sin hacer ruido, mientras dormía y me dijo “No temas, yo estoy bien”. Desde ese momento me sentí mejor, su ausencia no fue tan insoportable y sus corrientes de aire tibio me abrazan sin que yo lo espere.
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