martes, 29 de abril de 2014

La cama

por Alicia Lasala

Por ella, han desfilado miles de sueños, cumplidos, rotos, propios y ajenos. Personajes que aparecieron fugazmente, que permanecieron, se empecinaron y otros que volvieron casi por compasión. 
No hay dolor ni alegría que por ella no pasara. Gritos de euforia, gemidos censurados, manos apretadas a las húmedas sabanas, a veces por el goce y otras por la impotencia o el abandono.
No puede haber secretos con vos. Cuando querés saber, te robas el sueño, te lo llevas y haces que de vueltas y vueltas y todo lo que me ocurre, aparezca.
Vienen a mi, en procesión los vivos y los muertos, los lugares donde estuve y donde están los que he amado u olvidado. Vienen por mi. Me resisto todo lo que puedo. Corro, busco, los llevo conmigo a otros lugares, encuentro paisajes que me son familiares, otros donde nunca estuve. Me traes el mar que me calma. No importa que este furioso o sereno como un lago, me calma. Igual que el rio, el parque, los médanos, la arena.
Siempre se filtra algo o alguien que no quiero dejar entrar. Pero vos lo traes. Porque vos sabes donde hurgar.
Muchas veces, en los intentos frustrados de dormir, quiero desorientarte. Entonces me invento historias en las que la protagonista es otra, pero hace realidad lo que yo tanto deseo para mí. Y junto con ella vienen otros personajes a los que hay que ponerles nombre, un cuerpo, una mirada y una forma de ser y de pensar. Y todo baila alrededor de lo fantástico y mágico.
Pero al final, siempre caigo rendida ante la realidad.
Por momentos pienso que cambiándote por otra podría empezar de nuevo. 
Pero descubrí que ustedes se intercambian los secretos. En el momento de poner una y sacar la otra, se susurran al oído todo lo que guardan en cofres como tesoros.
Y aunque todo sea nuevo, de la historia personal no hay donde refugiarse. 
Y menos, en la cama.

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