El tiempo estaba horrible, frío y lluvioso, además, con un viento muy fuerte. Un barco de pescadores, estaba mar adentro. El mismo, había sido construido con los mejores equipos técnicos de última generación. Era de un porte mediano parecido a los que se ven en Mar del Plata.
Las enormes olas que lo mecían no lo dejaban en paz , volver al puerto seguro, era difícil, pues estaba aún a unos 20 km de distancia (unas 12 millas y pico más o menos) de modo que la tripulación estaba inquieta y la incertidumbre aumentaba . Súbitamente un enorme tiburón “Tigre” (ejemplar no frecuente en estas aguas) cayó sobre la cubierta asustando a los marineros que estaban ordenando algunas redes. La caída de aquel enorme pez, originó una serie de golpes haciendo retumbar a todo el barco.
Rápidamente, el capitán que en ese momento se encontraba en la cabina de mando, llamó por radio a tres de sus marinos : Alfredo, Pedro y Manuel, para que subieran rápido a cubierta, reemplazando a los otros, y para encargarse de atrapar al gran pez y devolverlo al mar. La tarea no era sencilla ya que el animal, se esforzaba para volver a su ámbito natural, tratando inútilmente, moviéndose demasiado rápido mientras emitía sonidos inteligibles. Aquellos hombres debían pensar rápidamente de que manera podían someterlo.
La lluvia aumentaba la visibilidad impidiendo ver claramente cómo debían aproximarse mientras se acercaban recelosos. Cuando el pez miró a los hombres se puso más furioso y se arrastró por la cubierta velozmente, enfrentando a los marinos. Estos muy asustados, no sabían qué posición tomar para defenderse hasta que en uno de los coletazos el animal le pegó a Alfredo, que era el más corpulento de los tres, y lo lanzó por el aire al mar. El marino, desesperado, comenzó a nadar y muy aturdido por cierto, aunque al fin pudo asirse a uno de los costados del buque y subir .
Mientras, las olas seguían empujando como para hundir al barco. Alfredo, en cubierta se juntó con sus camaradas intentando capturar al animal. Otro coletazo no hizo daños a ninguno, pero los tres vieron que la situación empeoraba . De pronto, desde el altoparlante se escuchó la voz del capitán quien es informó que debían volver debajo de la cubierta, ya que venía en auxilio otro barco similar para colaborar en la tarea. Así las cosas, dos cables de acero con arpones, salieron velozmente desde el barco ayudante. Uno de ellos cayó sobre la cubierta pero el otro lastimó al tiburón que recibió el golpe casi mortal, ocasionándole una tremenda herida quedando así enganchado. A pesar de ello, se negaba a obedecer. Simultáneamente, el arpón lo aferró de tal manera, que logró de un solo tirón hacia arriba para evitar que quedara aprisionado en la borda. Aún, herido de muerte luchaba por su vida, tratando de liberarse de su captores pero al fin se logró extraer y enviarlo nuevamente al mar con el arpón puesto, seguro para morir.
Realmente, pienso que todos los peces, diminutos, grandes o pequeños, viven en su hábitat, y nosotros, los seres humanos, al no ser dueños del mar, somos , simplemente, seres extraños para ellos y es muy posible que aquel gran tiburón, no se doblegaba al ver los intrusos que incursionaban en el mismo, de modo que, a mí criterio, su caída no fue casual. Sino una instintiva venganza de la especie.
Para terminar, le comento que el barco entero con su tripulación no pudo llegar a destino, se hundió por una ola de unos 20 metros de alto, confirmado esto por el capitán del barco de rescate, que estuvo en peligro de zozobrar también.
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