por Irma Giménez
Bostezó con tanto placer y abrió desmesuradamente la boca (fue una exageración), cuando el prolongado bostezo hubo concluido, seguía tendido en la cama, disfrutando de ese ocio que se había impuesto ese domingo, mas al querer cerrar su boca no pudo hacerlo; las mandíbulas desencajadas, rígidas, no le obedecían y comenzó a sentir fuertes dolores, como si le estuvieran arrancando todos los dientes juntos y sin anestesia. Le ganó el pánico y con los ojos desorbitados llegó al hospitl, de inmediato lo trasladaron al quirófano, luego de inyectarle un potente calmante, pues sus gritos tan lastimeros eran como un rugido y se extendían por todo el hospital.
Bueno, ya operado y bajo los efectos de la anestesia se encuentra en una habitación con un yeso en su cara que resulta irreconocible. Me pregunto yo, ¿volvería a bostezar tan exageradamente?
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