martes, 13 de mayo de 2014

Reencuentro

por Myriam Zubiarrain


Dicen que los pensamientos se materializan, por ese motivo lo que tenemos que hacer para obtener algo es construirlo en nuestra mente. Entonces armo y rearmo muchas veces esa construcción que me permita materializar un deseo, un anhelo largamente esperado; el de volver a caminar las calles de Ciudad Guayana, la ciudad que me dio cobijo entre los años ‘79 y ’81, la que me permitió descubrir un mundo distinto, en el que se vivía sin miedos; ciudad muy nueva por esos años, con gran desarrollo industrial, momento en el que se estaba montando su gran acería. 

          Esa ciudad nueva con rasgos antiguos ubicada en la confluencia de los ríos Orinoco y Caroní, de gran belleza; el río Caroní separa Puerto Ordaz de San Félix, las dos localidades que la conforman. San Félix muy pobre, con calles muy sucias, con restos de comida y grasa, y ese olor tan característico de la comida callejera. Puerto Ordaz con más desarrollo, con grandes avenidas, una calle central, carrera Upata que desembocaba en el Centro Cívico donde se ubicaba el único cine de la ciudad;  las arepas, friéndose a cada cuadra, lograban hacerme detener, no había salida sin arepas para mí. 
          La  vegetación, con sus verdes y sus frutos maduros, plátanos, mangos, guayabas, que invitaban a disfrutarlos.  Yo vivía en la urbanización Villa Brasil, mi casa tenía una gran planta de mango donde habitaba una iguana que bajaba y subía del mismo y descansaba en mi patio.
          La gente con su simpatía y su ritmo, con sus conversaciones en los transportes públicos haciéndonos participar a todos de sus goces y sus quejas: maravillosa gente, entrañable, con ese hablar tan bello y  que me identificaban por mi voz “cantarina” al decir de ellos.
          Recuerdo a Ramón, el chofer de la empresa donde trabajaba, que con una gran sonrisa blanca en su oscura cara me esperaba a las seis todas las mañanas en el estacionamiento de la urbanización.
          Tiempo en el que disfrutaba de todo lo que hacía, en el que mimetizada decía “Puelto Oldaz” cuando hablaba de la ciudad y en los bares pedía una “marta”.
          Puerto Ordaz quedó amorosamente fijada a mi recuerdo. Suelo soltar unas lágrimas cuando escucho hablar de ella, al oir las canciones de Alí Primera, Los Guaraguao, Reina Lucero, cuando oigo hablar de la música llanera o de los aguinaldos navideños.
           Por todo esto construyo y reconstruyo en mi mente la ciudad, esperando el reencuentro, que me acerque a ella y a mi historia, que me acerque a mis afectos y tal vez a la nostalgia al recorrer sus calles después de treinta y tres años de ausencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario